Derecho Internacional
América Latina frente a un nuevo shock global: mayor resiliencia, menos márgenes de política · Perú
Durante 2025, América Latina mantuvo un crecimiento resiliente, aunque moderado. Factores como mejores términos de intercambio y condiciones financieras inicialmente más favorables beneficiaron a la región. Sin embargo, el conflicto en Oriente Medio y el deterioro del panorama global han incrementado la incertidumbre y la volatilidad en los mercados financieros, reflejadas en el incremento de tasas de bonos soberanos. El shock actual afecta principalmente a la región a través de mayores precios de la energía, alimentos, condiciones financieras más restrictivas y mayor incertidumbre. A diferencia de episodios anteriores, América Latina enfrenta este shock desde una posición macroeconómica más sólida. Los marcos monetarios son más creíbles, los tipos de cambio más flexibles y los sistemas financieros más resilientes. Sin embargo, el entorno externo se ha vuelto más complejo y los márgenes de política monetaria y fiscal son más estrechos.
Para las siete principales economías de la región, se prevé una desaceleración moderada del crecimiento desde el 2,2 % en 2025 al 1,7 % en 2026, antes de repuntar al 2,2 % en 2027. La demanda interna sigue mostrando cierta resiliencia en la mayoría de las economías, aunque la inversión y las exportaciones se verán afectadas por un entorno externo más débil y mayor incertidumbre. Brasil y Colombia reciben cierto apoyo de mayores precios de materias primas y exportaciones energéticas, mientras que Chile y Perú se benefician de altos precios de minerales. Sin embargo, estos efectos positivos solo compensan parcialmente el impacto negativo de mayores costes energéticos, inflación y condiciones financieras más restrictivas, especialmente en economías importadoras netas de energía.
En varias economías, las presiones inflacionarias han aumentado nuevamente debido al alza en los precios de energía y transportes, en un contexto en el que varios países aún no habían logrado alcanzar sus metas, al tiempo que otros enfrentan importantes presiones domésticas, como por ejemplo Colombia. En el ámbito monetario, los bancos centrales enfrentan un desafío complejo. Deberán seguir actuando con prudencia y en función de los datos, para equilibrar riesgos de segunda ronda con el debilitamiento del crecimiento, preservando el anclaje de las expectativas de inflación.
Los riesgos para estas perspectivas siguen sesgados a la baja. Una prolongación del conflicto en Oriente Medio podría generar nuevas presiones sobre los precios de energía y alimentos, reforzar efectos de segunda ronda, endurecer más las condiciones financieras y debilitar el crecimiento global. Asimismo, la reaparición de condiciones climáticas adversas, como el episodio de El Niño, podría elevar más los precios de los alimentos e impactar la producción en varios países de la región.
Menor espacio fiscal exige respuestas focalizadas
La situación fiscal requiere de especial atención. A diferencia de shocks anteriores, los gobiernos enfrentan este episodio con niveles de deuda más elevados y costos de financiamiento significativamente mayores. En muchos países, el pago de intereses ocupa una proporción significativa de los recursos fiscales, lo que limita la capacidad de la política fiscal para amortiguar nuevos shocks sin comprometer la sostenibilidad de la deuda.
En este contexto, las economías exportadoras de energía podrían beneficiarse temporalmente del aumento de precios, mediante una mayor recaudación y acumulación de reservas, otorgándoles cierto margen de acción. Sin embargo, parte de ese espacio está siendo usado para mitigar el impacto del incremento de los precios de energía. Por ejemplo, Brasil anunció la eliminación de impuestos e introducción de subsidios al diésel, cuyo impacto busca compensarse con un impuesto adicional del 12 % a las exportaciones de crudo. Por su parte, México mantiene un mecanismo de estabilización de precios mediante reducciones en el impuesto especial a algunos carburantes. Otros países de la región también cuentan con mecanismos de estabilización de precios —como Chile, Colombia y Perú— que, aunque han…
Nota: la frase anterior queda incompleta en el documento original («que, aunque han…»); probablemente el texto continuaba junto a un gráfico o tabla que no formaba parte del contenido pegado. Se transcribe tal cual, sin completarla.
Las experiencias previas muestran que los subsidios generalizados pueden ser costosos, regresivos, difíciles de revertir, además de reducir los incentivos al ahorro energético. Por ello, cualquier respuesta debe ser cuidadosamente calibrada, privilegiando medidas temporales y focalizadas, para no deteriorar la sostenibilidad fiscal.
Hacia adelante, adherirse a marcos fiscales creíbles, mejorar la eficiencia del gasto público, robustecer instituciones fiscales independientes y reducir el peso del servicio de la deuda serán prioridades para aumentar la capacidad de respuesta frente a futuros shocks.
La resiliencia no es suficiente: el desafío sigue siendo crecer más
La transición energética y la demanda de minerales críticos ofrecen oportunidades para América Latina. La región cuenta con ventajas importantes en energías renovables y recursos estratégicos como cobre, litio y grafito. Asimismo, una mayor diversificación comercial y de actividades productivas podría reducir la exposición a shocks externos y tensiones geopolíticas.
Sin embargo, aprovechar estas oportunidades requerirá mayores niveles de inversión, mejor infraestructura y marcos regulatorios estables y predecibles.
América Latina ha fortalecido su resiliencia macroeconómica en los últimos años. Sin embargo, en un contexto de mayor frecuencia de shocks externos y menor espacio de política, sin una recuperación más fuerte de la inversión y la productividad, el crecimiento seguirá siendo insuficiente para acelerar de forma sostenida la mejora de los niveles de vida de sus ciudadanos.
Perú
Se prevé que el PIB crezca un 2,9 % en 2026 y un 2,9 % en 2027, frente al 3,4 % registrado en 2025. La actividad se ve respaldada por la resiliencia de la demanda interna, en particular del consumo privado y la inversión, y por unos favorables términos de intercambio. El crecimiento seguirá sólido en 2026 a pesar de las tensiones del lado de la oferta, entre las que se incluyen el impacto de El Niño, las restricciones en el suministro interno de gas y el aumento de los precios de la energía tras la evolución del conflicto en Oriente Medio. Se prevé que la inflación aumente temporalmente por encima del rango objetivo del banco central, antes de volver hacia el objetivo a medida que se vayan atenuando las tensiones en el lado de la oferta.
Sigue siendo adecuada la adopción de una postura monetaria neutral, dado el anclaje de las expectativas de inflación y las presiones sobre los precios impulsadas principalmente por tensiones temporales de la oferta. La política fiscal debe orientarse hacia una senda de consolidación creíble y coherente con la regla fiscal, mejorando la eficiencia del gasto, evitando aumentos permanentes del gasto que no dispongan de financiamiento y aumentando los ingresos permanentes. La mejora de la certidumbre regulatoria y una tramitación de permisos más ágil impulsarían la inversión y la productividad.
El crecimiento sigue mostrando su resiliencia a pesar de las tensiones en el lado de la oferta
El PIB creció un 3,4 % en 2025 y sigue estable en 3,5 % en el primer trimestre de 2026, impulsado por un fuerte consumo privado y un sólido aumento de la inversión. Los indicadores de alta frecuencia sugieren que el crecimiento interanual se mantuvo por encima del 3 % en abril, al tiempo que los indicadores de las importaciones de bienes de capital y del sector de la construcción apuntan a que la inversión se mantiene fuerte, aunque las expectativas empresariales se hayan moderado ligeramente. Las condiciones del mercado laboral siguen siendo favorables, con una fuerte expansión del empleo formal (5,7 %) y de los ingresos nominales promedio (8,2 %) en marzo. La inflación general subió al 4 % interanual en abril, impulsada por el aumento de los precios de los combustibles, las interrupciones temporales del suministro interno de gas y los efectos adversos de las condiciones meteorológicas, que se tradujeron en un aumento del precio de los alimentos. La inflación subyacente repuntó hasta el 4,4 %, como reflejo del traspaso temporal del aumento de los costos del combustible y del gas a los precios del transporte y otros componentes subyacentes, antes que a presiones de la demanda interna.
Las condiciones externas siguen siendo heterogéneas, pero, en general, se muestran favorables. Se mantiene el arancel de referencia de Estados Unidos en el 10 %, aplicable a la mayoría de las exportaciones peruanas, si bien las principales exportaciones mineras siguen estando exentas. Los precios del cobre siguen en niveles históricamente altos, lo que contribuye a sostener los ingresos por exportaciones, al tiempo que los volúmenes de exportación de bienes aumentaron de forma moderada en los dos primeros meses de 2026, con incrementos tanto en las exportaciones mineras tradicionales como en los productos no tradicionales. Al mismo tiempo, la interrupción temporal del suministro de gas de producción nacional y de líquidos de gas natural en marzo, junto con el aumento de los precios del petróleo por la evolución del conflicto en Oriente Medio, elevó los costos energéticos y acentuó las presiones sobre los precios de los fertilizantes.
La política monetaria mantiene una orientación neutral al tiempo que la consolidación fiscal va retrasada
El banco central mantuvo la tasa de interés oficial en el 4,25 % en mayo. Las expectativas de inflación a un año subieron ligeramente hasta el 2,8 % en abril, pero se mantienen dentro del rango objetivo y las expectativas de inflación a mediano plazo siguen bien ancladas en términos generales. Las proyecciones asumen que la tasa de interés oficial se mantendrá sin cambios en el 4,25 % hasta 2027, lo que refleja que los recientes aumentos de precios se han visto impulsados principalmente por las tensiones temporales de la oferta. Si la inflación resultara más persistente, sería necesario endurecer la política monetaria para garantizar la convergencia hacia el objetivo. La política fiscal seguirá respaldando la actividad durante 2026 y 2027. Sin embargo, la orientación fiscal sigue siendo demasiado acomodaticia, dado el sólido crecimiento y las mejoras registradas en los términos de intercambio. Las proyecciones asumen un déficit fiscal del 2,1 % del PIB en 2026 y del 1,9 % en 2027, lo que se sitúa por encima de la senda de consolidación implícita en la regla fiscal. No se prevé la adopción de nuevas medidas de amplio alcance para amortiguar el aumento de los precios de la energía. Las medidas existentes —sobre todo las subvenciones específicas al GLP para los hogares vulnerables y los mecanismos de estabilización del precio de los combustibles— siguen siendo moderadas.
El crecimiento se consolidará a medida que se disipen las tensiones temporales
Está previsto que el crecimiento del PIB disminuya, pasando del 3,4 % en 2025 al 2,9 % en 2026, manteniéndose en 2,9 % en 2027. El consumo privado y la inversión seguirán siendo los principales motores de la actividad, a pesar del repunte de la inflación, apoyados por un sólido crecimiento de los ingresos laborales, los favorables precios de los metales y la continuada fortaleza de la construcción. El crecimiento en 2026 se verá frenado por las tensiones temporales en el lado de la oferta. Entre ellas se incluyen los efectos relacionados con El Niño, la escasez de gas a nivel nacional y el aumento de los precios del petróleo por el conflicto en Oriente Medio, así como por el debilitamiento de la demanda exterior y por la incertidumbre relacionada con las elecciones, que lastrará la inversión. Se prevé que la inflación aumente temporalmente en 2026 a medida que se repercuta el aumento de costos de la energía, los alimentos y los fertilizantes, si bien se moderará a medida que estas tensiones se vayan disipando. Los riesgos están orientados a la baja. Un recrudecimiento de los conflictos sociales que afecte a la inversión minera, un aumento de las catástrofes meteorológicas, el incremento de los precios de la energía o la escasez de insumos mineros podrían debilitar el crecimiento e impulsar la inflación. Los riesgos fiscales se derivan de las recientes medidas de gasto permanente que no cuentan con financiamiento. Estas medidas podrían debilitar la credibilidad del marco fiscal, si bien la reducida deuda pública, las amplias reservas y la credibilidad del banco central actúan como importantes amortiguadores.
El aumento de la disciplina fiscal y la resiliencia energética respaldarían el crecimiento
Es necesario un retorno creíble a la regla fiscal para preservar la estabilidad macroeconómica de Perú, que tanto ha costado conseguir. Para ello, es necesario mejorar la eficiencia del gasto, resistirse a aplicar aumentos permanentes del gasto que no cuenten con financiamiento y reforzar los ingresos mediante una ampliación de la base imponible, de modo que las prioridades sociales y productivas puedan financiarse sin poner en riesgo la sostenibilidad de la deuda. Reforzar la seguridad energética mediante un mix energético más diversificado, un suministro de gas nacional más fiable —tras las recientes tensiones registradas en el suministro, que pusieron de manifiesto la dependencia de unos pocos activos críticos— y una planificación de contingencias más sólida reduciría la exposición a las crisis externas. La reducción de las barreras regulatorias a la inversión minera, a las infraestructuras y a otras inversiones privadas también impulsaría la productividad, la resiliencia y un crecimiento más sólido a mediano plazo.
OCDE
OECD Economics Department, Latin America team · Perspectivas Económicas de la OCDE · © OCDE, 2026


