Manuel Rodríguez Cuadros junto a las banderas del Perú y de las Naciones Unidas Notas del Presidente

El sistema internacional unipolar fragmentado

1. El mundo unipolar fragmentado, basado en la política de poder con potencia erosionada y tendencia al bipolarismo económico

Raymond Aron, en Paz y guerra entre las naciones, diferencia los conceptos de poder y potencia. El primero hace referencia a los recursos naturales, sociales, militares, económicos, tecnológicos, culturales y políticos que posee un Estado para determinar o influir en la conducta de otros Estados. La potencia, en cambio, es la capacidad y legitimidad para movilizar esos recursos en circunstancias determinadas, con el fin de obtener objetivos específicos (Aron, 1962). A partir de esta definición, Hans Morgenthau distinguió tres sistemas internacionales. Si es manifiesta la existencia de un poder superior al resto, nos encontramos ante un sistema unipolar; si dos son los Estados con poderes equivalentes, el sistema es bipolar; y si son varios los Estados con poderes equivalentes, entonces el sistema es multipolar (Morgenthau, 1948).

Existen distintas percepciones políticas, académicas y diplomáticas sobre el mundo contemporáneo. Se ha difundido ampliamente la idea de que la multipolaridad constituye el patrón dominante de la actual estructura mundial. Autores como Aleksandr Dugin, Fareed Zakaria y Emma Ashford sostienen que el mundo actual es multipolar y que esa pluralidad del poder se caracterizaría por el debilitamiento relativo de los Estados Unidos y por la ascensión de nuevos centros de poder, como China, la Unión Europea, Rusia e incluso algunos BRICS, particularmente India (Zakaria, 2008; Ashford, 2024).

Sin embargo, si se analiza con objetividad la estructura real del poder mundial y, sobre todo, sus tendencias estratégicas, resulta difícil sostener plenamente la idea de una multipolaridad consolidada. Desde el punto de vista del poder militar convencional, los Estados Unidos continúan siendo, con gran diferencia, la principal potencia global. Su gasto militar es aproximadamente cuatro veces superior al de China, según los datos de SIPRI y Global Firepower (SIPRI, 2025; Global Firepower, 2025). Poseen además una capacidad única de desplazamiento militar global para intervenir en conflictos localizados, proyectar fuerza o proporcionar ayuda militar y financiera a escala planetaria. Según estudios de Conflict Management and Peace Science, los Estados Unidos poseen más de 250 bases e instalaciones militares en el extranjero y cerca de 200 mil efectivos desplegados fuera de su territorio nacional (Vine, 2021). Sólo en Alemania y Corea del Sur mantienen aproximadamente 34 000 y 26 400 efectivos, respectivamente. China, por el contrario, posee únicamente unas pocas bases militares en el exterior, lo que refleja también el carácter predominantemente no intervencionista de su diplomacia. Ningún otro Estado se aproxima actualmente a la capacidad militar operativa global de Washington.

Esta unipolaridad militar no se reproduce plenamente en el ámbito nuclear, donde persiste una estructura esencialmente bipolar entre Estados Unidos y Rusia. Según SIPRI, Rusia posee aproximadamente 5889 armas nucleares y los Estados Unidos alrededor de 5244 (SIPRI, 2025). En consecuencia, mientras el sistema es unipolar en términos militares convencionales, en el ámbito estratégico-nuclear mantiene rasgos de bipolaridad.

Si se traslada el eje del análisis hacia el ámbito político, ningún país ejerce una articulación tan intensa entre poder nacional y política exterior como los Estados Unidos. La diplomacia norteamericana, con éxitos y fracasos, constituye una combinación permanente entre capacidad militar, presión económica y acción político-diplomática. Esta proyección se despliega simultáneamente en Asia, Europa, África y el Oriente Medio.

En el ámbito económico, pese al ascenso chino, la estructura global continúa siendo predominantemente unipolar. La economía china representa aproximadamente dos tercios de la norteamericana y el sistema monetario internacional continúa organizado alrededor del dólar (IMF, 2025). Aunque China constituye una potencia ascendente y Estados Unidos muestra ciertos signos de desgaste relativo, ambas economías aún no son plenamente equiparables.

La globalización transformó estructuralmente el sistema internacional posterior a la Guerra Fría. La antigua separación entre bloques fue sustituida por una intensa interdependencia económica. Estados Unidos continúa siendo uno de los principales socios comerciales de China y viceversa. Precisamente por ello, Washington desarrolla actualmente políticas de contención tecnológica, comercial y científica frente a Beijing, incluyendo sanciones selectivas y restricciones estratégicas. China, por el contrario, como principal beneficiaria del proceso globalizador, continúa defendiendo el libre comercio y la interdependencia económica basada en el beneficio mutuo.

Nos encontramos así ante una relación simultánea de cooperación, competencia y confrontación económica. La interdependencia sigue siendo más profunda que la confrontación, aunque ambas dimensiones coexisten. Durante las próximas décadas, esta relación integración-conflicto entre Estados Unidos y China probablemente continuará definiendo el ritmo central del proceso global.

En el ámbito cultural, Estados Unidos mantiene igualmente una posición predominante. El denominado «American way of life» continúa siendo el principal referente de la cultura global contemporánea y ejerce incluso una fuerte influencia en la sociedad china. Joseph Nye definió este fenómeno como «soft power», es decir, la capacidad de influir mediante la atracción cultural y política más que exclusivamente a través de la coerción (Nye, 2004).

El sistema internacional contemporáneo puede definirse, por tanto, como un sistema unipolar complejo, fragmentado y erosionado. Es complejo porque, siendo militarmente unipolar, conserva rasgos bipolares en el ámbito nuclear y tendencias de bipolarización económica entre Estados Unidos y China. Y es un sistema con potencia erosionada porque la disociación entre el poder material norteamericano y su capacidad efectiva de estructuración política internacional limita crecientemente la eficacia de su unilateralismo.

2. La erosión de la hegemonía y la negociación asimétrica de la correlación de fuerzas

La primacía estratégica norteamericana ya no se ejerce bajo condiciones de hegemonía absoluta. La correlación internacional de fuerzas opera en dos direcciones: la del ejercicio del poder norteamericano y la de la capacidad de resistencia de sus interlocutores. El sistema internacional contemporáneo puede ser definido más precisamente como una unipolaridad fragmentada, erosionada y basada crecientemente en negociaciones asimétricas.

Sin embargo, esa asimetría no se reproduce de manera homogénea frente a todos los actores internacionales. Con China, las negociaciones tienden a adquirir características relativamente simétricas debido a su peso económico y tecnológico. Con Rusia ocurre algo similar por la existencia de un equilibrio estratégico nuclear.

En consecuencia, aunque la capacidad estructurante del poder norteamericano continúa siendo predominante, encuentra límites crecientes derivados de la correlación internacional de fuerzas, del poder de resistencia de otros Estados y del debilitamiento progresivo del consenso liberal internacional surgido tras la Guerra Fría.

La diplomacia del «America First» ha tendido a dejar de lado incluso algunos componentes tradicionales del realismo diplomático clásico. En numerosos casos, la política exterior norteamericana contemporánea ha relativizado tanto los valores occidentales clásicos —derechos humanos, democracia y multilateralismo— como los marcos normativos del derecho internacional y los mecanismos multilaterales de negociación de las Naciones Unidas.

La unipolaridad persiste, pero el componente hegemónico que la acompañaba se encuentra erosionado. Estados Unidos conserva un poder militar, financiero y tecnológico incomparable, pero su capacidad de producir obediencia automática o consensos internacionales duraderos ha disminuido significativamente. Por ello, el sistema internacional evoluciona hacia una estructura donde predominan relaciones pragmáticas de fuerza y negociaciones basadas en costos estratégicos y capacidades efectivas de resistencia.

Cuando los Estados Unidos enfrentan actores débiles, fragmentados o altamente dependientes, sus objetivos suelen imponerse con relativa facilidad. El caso venezolano y el proceso de negociación que estabilizó parcialmente al régimen constituyen ejemplos de ejercicio asimétrico del poder unilateral. Lo mismo ocurre, aunque bajo características distintas, con Gaza, donde la enorme asimetría de fuerzas limitó considerablemente la capacidad de resistencia palestina y de contención internacional.

Pero cuando la contraparte posee capacidades económicas, tecnológicas, estratégicas o militares relevantes, la lógica del sistema cambia sustancialmente. Allí el unilateralismo encuentra límites estructurales que obligan a negociaciones, acomodamientos y equilibrios parciales.

3. China y Rusia: los límites estratégicos del unilateralismo

El caso chino constituye probablemente la principal expresión contemporánea de resistencia estructural al unilateralismo norteamericano. La guerra comercial impulsada por la administración Trump buscó inicialmente modificar unilateralmente las relaciones económicas bilaterales mediante aranceles y restricciones tecnológicas masivas. Sin embargo, la magnitud de la economía china, su papel central en las cadenas globales de producción y su creciente desarrollo científico-tecnológico impidieron que Washington alcanzara plenamente sus objetivos iniciales.

Finalmente, ambas potencias debieron negociar esquemas de acomodamiento que reflejan no solo intereses económicos, sino también un equilibrio estratégico de poder.

Lo mismo ocurre en torno a Taiwán y al Mar de China Meridional. Aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar global, China ha desarrollado capacidades suficientes para imponer costos estratégicos elevados en su entorno regional inmediato. Por ello, la relación sino-norteamericana se desarrolla actualmente bajo mecanismos de contención recíproca y negociación permanente.

En el caso de Rusia, la guerra en Ucrania ha demostrado que el equilibrio nuclear continúa siendo un elemento estructural del sistema internacional. Estados Unidos y Rusia mantienen capacidades de destrucción mutua asegurada que impiden cualquier lógica de victoria absoluta (Waltz, 1979). La eventual paz en Ucrania dependerá, en gran medida, de un entendimiento entre las dos principales potencias nucleares del sistema internacional.

4. Europa y la diferenciación progresiva de intereses con Estados Unidos

Europa representa otro caso significativo de evolución del sistema internacional unipolar fragmentado. Durante décadas, la alianza atlántica constituyó uno de los pilares esenciales del orden occidental liderado por Estados Unidos. Sin embargo, las políticas impulsadas bajo la lógica del «America First» introdujeron crecientes divergencias entre Washington y sus aliados europeos.

La guerra en Ucrania mostró inicialmente la voluntad europea de preservar la cohesión atlántica. No obstante, progresivamente comenzó a evidenciarse que la defensa europea ya no constituye una prioridad estratégica absoluta para Washington. Estados Unidos concentra crecientemente su atención en la competencia con China y exige que Europa asuma mayores responsabilidades militares y financieras en su propia defensa (NATO, 2025).

La OTAN continúa siendo fundamental, pero ya no representa el eje central de la política estratégica norteamericana. Como consecuencia, Europa ha comenzado lentamente un proceso de diferenciación de intereses y de construcción de márgenes de autonomía estratégica. Durante gran parte de la segunda administración Trump, Europa evitó confrontar abiertamente el unilateralismo norteamericano. Sin embargo, la guerra con Irán modificó parcialmente esta situación. Las exigencias norteamericanas para involucrar directamente a Europa en el conflicto, sin consultas previas suficientes y con elevados costos energéticos potenciales, aceleraron el debate sobre autonomía estratégica europea.

En el Foro de Davos del 20 de enero de 2026, el primer ministro canadiense Mark Carney afirmó que el antiguo orden liberal internacional había terminado y que el mundo evolucionaba hacia una estructura más unilateral y transaccional (The Guardian, 2026). Sus declaraciones estimularon el debate europeo sobre la necesidad de construir estrategias menos dependientes de Washington.

España asumió entonces un liderazgo particularmente visible bajo la política del «No a la Guerra». El gobierno de Pedro Sánchez negó la utilización de las bases militares norteamericanas de Rota y Morón para operaciones ofensivas contra Irán y restringió parcialmente el uso del espacio aéreo español para aeronaves vinculadas a dichas operaciones (Reuters, 2026). Francia, Italia, Bélgica, Irlanda, Noruega y Alemania adoptaron igualmente posiciones de prudencia y relativa autonomía respecto de Washington.

Esta evolución ha impulsado en Europa un debate creciente sobre defensa regional, autonomía estratégica y construcción de capacidades independientes. Aunque no existe ruptura con Estados Unidos, sí se observa una diferenciación progresiva de intereses.

5. Irán y los límites del poder militar unipolar

El caso iraní constituye quizá la expresión más clara de los límites contemporáneos del poder militar unipolar norteamericano. Estados Unidos posee una superioridad militar convencional abrumadora frente a Irán. Sin embargo, esa superioridad no garantiza automáticamente la posibilidad de imponer una victoria estratégica total.

La posición geográfica iraní, su capacidad misilística, sus alianzas indirectas y la vulnerabilidad estratégica del Golfo Pérsico generan riesgos extremadamente elevados para cualquier conflicto de gran escala. Irán posee capacidad suficiente para afectar gravemente la estabilidad energética mundial y extender regionalmente el conflicto. Por ello, aunque Estados Unidos puede ejercer una enorme capacidad de destrucción militar, no necesariamente puede transformar esa superioridad en control político estable o victoria estratégica definitiva. Afganistán, Irak y ahora parcialmente Irán muestran precisamente los límites estructurales del poder militar en contextos geopolíticos complejos.

El poder unipolar contemporáneo continúa siendo ampliamente asimétrico en términos militares, financieros, tecnológicos y estratégicos. Sin embargo, su «potencia», en los términos conceptuales de Raymond Aron, es decir, su capacidad efectiva de transformar ese poder material en capacidad de dirección política, de estructuración del sistema internacional y de obtención sostenida de objetivos estratégicos, se encuentra crecientemente erosionada y sometida a límites derivados de la correlación internacional de fuerzas, de la resistencia de otros actores relevantes y de los elevados costos políticos, militares y económicos que implica el ejercicio unilateral del poder.

6. El Sur Global, los BRICS y los márgenes de autonomía internacional

En relación con el denominado Sur Global, la unipolaridad contemporánea también genera dinámicas de equilibrio y resistencia parcial frente a las tendencias más unilaterales del sistema internacional. Los BRICS han mantenido políticas constantes de articulación política, económica y diplomática que, aunque todavía no se traducen en una acción plenamente coordinada, sí representan esfuerzos significativos de construcción de autonomía (BRICS, 2025).

China, India y Brasil han respondido con relativa firmeza y racionalidad estratégica frente a las políticas unilaterales norteamericanas, evitando una confrontación sistémica directa, pero consolidando simultáneamente márgenes de autonomía y diversificación internacional.

La política de los principales Estados del BRICS no busca destruir el sistema internacional existente ni romper completamente con Estados Unidos. Todos reconocen la importancia estratégica de sus relaciones económicas y tecnológicas con Washington. Sin embargo, procuran relaciones más equilibradas, basadas en el beneficio mutuo, el respeto recíproco y la defensa del multilateralismo y del derecho internacional.

7. América Latina y los márgenes regionales de pluralidad estratégica

En América Latina, el ejercicio del unipolarismo fragmentado presenta características diferenciadas. La región no constituye un espacio homogéneo y sus relaciones con Estados Unidos varían según las condiciones económicas, geográficas y políticas de cada país o subregión.

México constituye un caso particularmente ilustrativo. Las relaciones bilaterales siguen estructuradas alrededor de temas sensibles como migración, narcotráfico, seguridad fronteriza y crimen organizado transnacional. Sin embargo, ambos países han logrado mantener mecanismos relativamente estables de negociación y consulta permanente.

En el ámbito comercial, la preservación esencial del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá ha garantizado estabilidad económica y previsibilidad recíproca. México ha desarrollado además una política exterior cuidadosa y equilibrada, orientada a preservar márgenes de autonomía evitando confrontaciones innecesarias con Washington. En Centroamérica, los niveles de dependencia económica y comercial respecto de Estados Unidos son considerablemente mayores. Para la mayoría de los países centroamericanos, el mercado norteamericano continúa siendo el principal destino de exportaciones y fuente esencial de remesas e inversiones. Ello incrementa significativamente la capacidad de influencia norteamericana en la región.

Sudamérica presenta un escenario más plural y complejo. Muchos países sudamericanos mantienen actualmente relaciones comerciales más intensas con China que con Estados Unidos, especialmente en materias primas, infraestructura y financiamiento. Sin embargo, Washington continúa siendo el principal interlocutor político y estratégico hemisférico. Las relaciones sudamericanas con Estados Unidos han evolucionado hacia formas más complejas, diversas y negociadas. Incluso en casos de cooperación estrecha, como Colombia o Ecuador, se observan crecientes márgenes de autonomía relativa.

En términos generales, Sudamérica parece orientarse hacia un esquema de vinculación ambivalente. Por un lado, unos países buscan una relación ideológica sin mayor autonomía con el gobierno de Trump. Otros, por el contrario, ya transitan por un pluralismo pragmático con autonomía (México, Brasil, Uruguay). Procuran mantener relaciones funcionales con Estados Unidos en aquellos ámbitos donde existen intereses convergentes, pero simultáneamente buscan diversificar sus relaciones internacionales con China, Europa, los BRICS y otros actores globales.

Precisamente esta combinación contradictoria entre intervención, correlaciones de fuerza, cooperación, negociación, contención limitada y autonomía relativa constituye una de las expresiones más características del actual sistema internacional de unipolaridad fragmentada y potencia erosionada.

Referencias bibliográficas

  1. Aron, R. (1962). Paix et guerre entre les nations. Paris: Calmann-Lévy.
  2. Ashford, E. (2024). «The Limits of American Primacy». Foreign Affairs, 103(2), 34-49.
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  4. Carney, M. (2026, enero 20). Principled and Pragmatic: Canada’s Path. Discurso pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos.
  5. Global Firepower. (2025). 2025 Military Strength Ranking.
  6. IMF. (2025). World Economic Outlook 2025. Washington D.C.: International Monetary Fund.
  7. Morgenthau, H. J. (1948). Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace. Nueva York: Alfred A. Knopf.
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  9. Nye, J. S. (2004). Soft Power: The Means to Success in World Politics. Nueva York: PublicAffairs.
  10. Reuters. (2026, marzo 2). «US aircraft leave Spain after Madrid blocks use of bases in Iran operations».
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  12. The Guardian. (2026, mayo 4). «Europe can rebuild rules-based international order, says Mark Carney».
  13. Vine, D. (2021). «United States Military Bases Abroad». Conflict Management and Peace Science, 38(1), 1-18.
  14. Waltz, K. N. (1979). Theory of International Politics. Reading, MA: Addison-Wesley.
  15. Zakaria, F. (2008). The Post-American World. Nueva York: W. W. Norton.

MRC
Manuel Rodríguez Cuadros

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